Articulo

¿La tecnología ejercita la memoria o atenta contra ella?

Diario El Litoral - Santa Fe - Argentina 10/01/2015

Por un lado, debemos recordar claves para acceder a múltiples tareas, pero por otro “descansamos” en los ayuda-memoria electrónicos, como la agenda del celular. ¿Esto es bueno o malo?

Agustina Mai
amai@ellitoral.com

A diario, la tecnología nos enfrenta con decenas de claves, pins y contraseñas para entrar al mail, al home banking o al contestador, hacer una compra online, activar la alarma de casa o desbloquear la notebook. Como contracara, cada vez recordamos menos números telefónicos porque están archivados en el celular y son pocos los que tienen presentes todos los cumpleaños y aniversarios, ya que los calendarios o recordatorios electrónicos nos ahorran este esfuerzo. Sumar, restar o dividir mentalmente se convirtieron en funciones arcaicas porque cualquier celular trae calculadora. Ante esta realidad, ¿las tecnologías ayudan a ejercitar la memoria o, por el contrario, atentan contra ella y la deterioran?

“La memoria humana es un gran recurso, pero limitado. Por lo tanto, si almacenamos números de teléfono o fechas de cumpleaños, no la usamos para otras cosas. En este sentido, la agenda de papel o electrónica nos permiten ocupar nuestra memoria en tareas que consideramos más importantes”, explicó el neurólogo y máster en neurociencias Hugo Valderrama (hijo).

—Si ya no memorizamos teléfonos, fechas o la lista de cosas por hacer, ¿dejamos de ejercitar nuestra memoria?

—No, porque tenemos otras actividades que reemplazan ese ejercicio. Las personas activas -que trabajan, estudian o se encargan del cuidado de su familia- aplican continuamente en diferentes objetivos las memorias “del trabajo” -que dura segundos-, la “diferida” -que dura minutos- y la “remota”. Por ejemplo, cuando en el supermercado se recuerdan y suman cuántos invitados vienen a la cena y la receta para comprar los elementos que necesito. Si uno es una persona activa, el cerebro recibe estímulos permanentemente y el celular no suma ni resta. Pero si la persona tiene muy pocas actividades o ninguna por mucho tiempo, las redes cerebrales dejan de estar activas y disminuye lo que se denomina “reserva cognitiva”, que es la capacidad de tolerar los cambios en las estructuras cerebrales relacionados con la edad o una enfermedad dada, sin presentar síntomas clínicos. Es decir, es lo que nos prepara para afrontar la vejez o enfermedades con la menor incidencia. Cuanto más utilidad le demos a nuestro cerebro para todas sus funciones, mayor será nuestra reserva cognitiva.

—¿Usar demasiado el celular afecta nuestra memoria?

—Los teléfonos celulares nos brindan un número mínimo de estímulos para ejercitar nuestras funciones cognitivas (memoria, orientación espacio-temporal, lenguaje, atención, observación, organización, elaboración y ejecución de una acción) en comparación con el resto de los infinitos estímulos ambientales que surgen al mantenernos activos en nuestra vida diaria. En términos generales, la mitad de nuestro cerebro es analítica, pero la otra mitad es social. Por eso es tan importante desarrollarnos en estos dos aspectos: si uno es un genio de los cálculos, pero sólo eso, se está perdiendo la posibilidad de estimular otras redes que tienen que ver, por ejemplo, con las relaciones sociales y la empatía. En conclusión, para mantener un correcto funcionamiento de nuestra memoria y el resto de nuestras funciones mentales, la clave es la diversidad, calidad y balance de los estímulos que le brindamos. El teléfono y sus aplicaciones no deben usarse como un fin en sí mismo, sino como una herramienta limitada por ese balance. A su vez, nuestro cerebro controla nuestra conducta y su uso continuo puede generar adicción y trastornos compulsivos, especialmente en las personas propensas biológicamente a ello.

¿Olvidarse es normal?

“No sé dónde dejé las llaves”, “lo anoté, pero no sé dónde”, “me olvido de las cosas” son frases que uno suele decir o escuchar. ¿A qué se deben estos olvidos? “Para memorizar, primero hay que prestar atención. Si la atención selectiva no está puesta en lo que quiero memorizar, sino en el trabajo, en problemas familiares o en el estrés, se hace difícil poder memorizar algo aparte de ello ”, explicó Valderrama.

También intervienen otros factores, como olvidarse cosas que en el fondo sabemos que son reemplazables. “Uno se puede olvidar dónde dejó el llavero o el celular si tiene la atención en otro lado, porque sabe que puede llegar a conseguir otros. Pero siempre recuerda el lugar donde queda el jardín de infantes de su hijo”, comparó el especialista.

—¿Cuándo debe uno preocuparse por estos olvidos?

—Es muy común creer que es normal sufrir cambios adversos en la memoria con el paso de los años, pero justamente son los cambios a los que hay que prestarles atención. Cuando el cambio marca un declive continuo respecto de nuestra capacidad de memoria previa o directamente impide nuestras actividades de la vida diaria, uno debe consultar a un médico especialista para determinar la causa.
Interacción con la tecnología.

Los teléfonos inteligentes e Internet sirven para un sinfín de aplicaciones, que -además de la memoria- involucran otras funciones mentales. En relación con la memoria:

Buscador en Internet (Google, por ejemplo): nos da acceso a información en forma inmediata, pero en el proceso ejercitamos nuestra “memoria prospectiva” al recordar con qué fin la buscamos, nuestra “memoria del trabajo” para procesar esa información y nuestra “memoria remota” al tomar recuerdos pasados y asociarlos a esa información.


Videojuegos: si tienen un fin de estímulo audiovisual puro de divertimento, como un juego de autos, en general sólo ejercitan al inicio algo de la “memoria del trabajo” y, luego, al jugarlo en forma repetida, sólo la “procedimental”. En cambio, los juegos con un fin didáctico pueden estimular muchos tipos de memoria y distintas funciones mentales.


Redes sociales: las conversaciones en forma de texto (Whatsapp, chat) le restan a una conversación habitual con presencia física el uso completo y la correcta asociación que realiza nuestro cerebro entre los diferentes tipos de memoria para elaborar el significado exacto de esa conversación. Por ejemplo la “memoria emotiva” frente a las expresiones de la otra persona o su perfume, o el recuerdo que se recupera en la “memoria remota” al observar el tipo de ropa que lleva puesto.