Articulo

Síndrome de Sobrecarga del Cuidador

MBA Angeles Valderrama 2005 - Cientibecas - Universidad Nacional del Litoral - Argentina

El Síndrome del Cuidador o Burnt-out fue descripto por primera vez en Estados Unidos en el año 1974. Consiste en un profundo desgaste emocional y físico que experimenta la persona que convive y cuida a un enfermo crónico incurable como es el caso de la enfermedad de Alzheimer. El cuidador que puede sufrirlo es aquel que llega a dedicarle gran parte de su tiempo, durante un período prolongado y con estrategias pasivas e inadecuadas de resolución de problemas.

Se considera producido por el estrés continuado de tipo crónico en una lucha diaria con tareas monótonas y repetitivas, con la sensación de falta de control final sobre esta situación y que puede agotar psíquicamente al cuidador. Incluye el desarrollo  de actitudes y sentimientos negativos hacia el anciano que cuida, desmotivación, depresión, angustia, fatiga y agotamiento, etc.

La sobrecarga experimentada por el cuidador principal puede dividirse en dos vertientes: la primera de ellas es la denominada sobrecarga objetiva, que se debe inexorablemente al desempeño de las tareas de cuidado, como por ejemplo, asear al anciano todos los días, darle de comer, etc. La segunda es la sobrecarga subjetiva del cuidador, y ésta se refiere al plano de los sentimientos y emociones.

Básicamente, las dificultades de la vida diaria para la persona que cuida de un paciente anciano, tienen su origen en las necesidades insatisfechas del anciano a las que debe atender y vigilar; éstas son percibidas tanto por la persona dependiente como por quien se encarga de cuidarla, y a veces sus apreciaciones no coinciden.

El agotamiento de los recursos económicos, emocionales, físicos o psíquicos también son un aspecto importante en la vida diaria de la persona que se encarga de la atención de un anciano dependiente. El resultado de esta situación es que el cuidador, sin quererlo, se "quema", lo que perjudica su salud y bienestar tanto físico como mental, de manera que repercute en la persona a quien quiere ayudar y en el resto de sus familiares o personas de su entorno más cercano.

¿Cómo saber si se está experimentando este Síndrome de Sobrecarga?

Cuando el cuidador comienza a "quemarse" presenta al menos uno de los siguientes síntomas:

Pérdida de energía, fatiga crónica.
Aislamiento.
Consumo excesivo de sustancia tales como tabaco, alcohol o café.
Problemas de sueño, ya sea insomnio, pesadillas o somnolencia.
Problemas físicos, como palpitaciones, temblor de manos y molestias digestivas.
Problemas de memoria y dificultad para concentrase.
Menor interés por personas que antes le interesaban.
Aumento o disminución del apetito.
Enfado fácil, irritable.
Le da demasiada importancia a pequeños detalles.
Cambios del estado de ánimo.
Depresión y nerviosismo.
Hartazgo respecto al enfermo y otras personas.
 

Según la investigación realizada por Instituto de Mayores y Servicios Sociales de España (IMSERSO) en el año 1995, denominada “Cuidados en la vejez – El apoyo informal”, cuyo objetivo principal era conocer el alcance y características del apoyo informal (el mismo refiere al cuidado brindado por los familiares), el resultado sobre los efectos negativos que el hecho de cuidar les implicaba a los cuidadores principales pueden agruparse en tres tipos de consecuencias adversas:

Laborales: no podían concentrarse al trabajar 26%; tuvieron que abandonar su trabajo el 11,5%, mientras que otros se vieron obligadas/os a reducir su jornada laboral 12,4%.
Sobre su propia salud: Las personas cuidadoras se encontraban a menudo cansadas en un 51,2% de los casos; el 32,1% se sentía deprimidas; y el 28,7% pensaba que las tareas que realizaban estaban deteriorando su salud.

Sobre su vida afectiva y relacional: el 64,1% declaró que se habían visto obligadas/os a reducir su tiempo de ocio y dijeron no poder ir de vacaciones el 48,4% de la muestra. 

¿Cómo actuar ante esta situación?

Puede concluirse que el trabajo de cuidar a ancianos dependientes origina una serie de problemas y angustias a quienes lo desempeñan. Es aconsejable recurrir, a tiempo, a profesionales en gerontología social, para que realicen una valoración del caso en particular.

El resultado de la evaluación indicará el tipo de servicio más adecuado de acuerdo a los parámetros observados; el cual debe satisfacer por lo menos dos objetivos considerados fundamentales:

1.Respecto al familiar:  brindar los apoyos que en cada caso corresponda, es decir, aliviar la carga que se haya detectado en la persona cuidadora; otrogándole la tranquilidad necesaria para llevar adelante sus actividades.

2.Respecto al adulto mayor: intentar mejorar la calidad de vida y la rehabilitación de la persona mayor con problemas de dependencia, mediante las intervenciones profesionales adecuadas.